El título de esta es pieza es fragmentario
El título: No título
La interrupción de un
un desvío hacia un
un advenimiento
una mediación

Silencio

El espacio vacío, la ausencia sonora, nunca fueron significaciones más ajenas a esta palabra.
La posibilidad de nombrar a través de la distancia, ese viento que sopla en todas las mañanas, en todos los cielos de hojas cristalinas.

La hipótesis del habla

Todo aquello que ahueca el universo y da posibilidad al canto de un caracol mientras la luz renuncia a la gravedad,

y esclarece.
Al borde de esas cosas nacen las ideas. En una celda circular el bicho va dejando su rastro hasta encontrar su nuevo hogar, que no es más que otra celda, que no es más que un nuevo mundo.

Hipótesis astronómica.

Blanco sobre blanco. Pues no es más que el que deja  ladrar a los perros en medio de la noche, o llamado rosa de las lechuzas cuando los canes se calman, o el aire bailando las jacarandas cuando las aves ceden.

Llamémoslo antítesis

Pero apenas perceptible es su contraparte.
atengámonos a esa indefinibilidad momentánea de la palabra.
Acaso táctil. Acaso escucha. Maravillosamente maquinada por las instituciones y las autoridades de cuatro paredes.

Lo estridente pasa desapercibido

4 HAIKUS CADAVÉRICOS. OAXACA.

L. y B.

El cielo tiende nubes
Escribe sin voz:
Escurren Jacarandas.

B. y L.

Luna gesta la rama
Hoy, esperanza.
Cae agua de selva fría.

El pez ajeno chupa                 ¿Es acaso la luna
La miel vecina                     la flor de Mayo
Un encuentro tejido                respirando el cielo?

CADÁVER OAXAQUEÑO 19 de Abril 2019

/Un árbol que abraza las raíces de otras tierras,
Como una pitón enroscando manitas de sol
Y triturando los suelos con su apapacho./

/Un laberinto conducto de lluvias pasadas,
Como túneles que recorre un roedor amorfo
De dimensiones estiradas, mojadas,/

/Que teje los pies de aquellos que lo caminan
Entre recuerdos soñados
Anidando su cuerpo con lo que se pisa
Y lo que fue pisado./

/Convergiendo, en modo paralelo.
Dos pasos, espejo de agua.
Reflejo de dos vidas, de cuatro, dieciséis…
La luz pega de frente
Y algo abrasa nuestras sombras estiradas,/

/Mojadas, que tejen ratones de espinas y ramas.
Ancestros del pleistoceno,
Envenenados penachos mexicanos
Que saludan el astro del mismo día.
Y respiramos la luz de flores
Con la frente pegada al cielo,/

/Con el color durazno que baja de Mayo.
Y quién sabe cuánto tiempo se respira en una inhalada.
Lo que equivale a dos vidas quizás. Cuatro, dieciséis…
Y nosotros en nuestro respectivo laberinto
Simulamos al de abajo, al de antes.
Enredados, no regados más que por el cielo,
Por lluvias acumuladas, estiradas./

/Pegando el cielo con la frente al suelo,
El desierto reflejando al agua,
Germinando espina y espiga
Partida en dos géneros de barro
De la cual nace el primer abrazo terrestre./

B. y L.
Viernes santo, Café Nueva Babel. Oaxaca.

Cadáver Dominguero 17 de Febrero del 2019

/Fuentes de luz, pasto húmedo por la luna.
Sus rayos buscando huecos entre tus huecos
Y unos pasos color verde que marcan el pulso mudo al silencio.
Al espacio./

/Cuando encuentre la bisagra con la polilla pegada,
Entonces y sólo entonces podremos observar el astro de catorce pies.
Sin embargo, cada dirección lleva a otras cuatro paredes
Construidas por letras de otro día./

/Un círculo de piedra, que se alza enclaustrando este espécimen,
Esta voz, que se rompe en cuatro cuerdas
E intenta salir, pero el espécimen sigue en cautiverio.
Los pies resuenan y el círculo de piedra se impone a nuestros ojos,
Queriendo decirnos algo.
Queriendo estar.
¿Somos auténticos en nuestro caminar?/

/Palabras que saltan de un espacio a otro,
Jugando con el porta-voz que sumerge nuestra percepción
Encontrando el ahora cubista,
Cegándonos el pasado,
Y no encontrando la siguiente bisagra
Hasta ensordecer el presente con cerradura
Convirtiéndonos en habitantes del limite./

/Desde aquí arrojamos una vista a los astros,
Y bailamos como sonidos obstinados,
Retumbando (uno, dos, tres… uno-dos-tres…)
Existimos apenas en este plano, el del pleno domingo.
Mejor ayer, mejor mañana.
Mejor ni hablamos, que las paredes escuchan…
¡Escucha! ¡La puerta se abre!
Arriba el ojo,
Buscando huecos con su gran hueco./

/”La de la vuelta a la derecha y luego al fondo igual que hace 2 minutos”
Al ver mis manos encuentro las venas
Bajo el papel transparente del único día no escrito
Y que nunca ha visto el sol./

L. y B.

Cadáver visto de 1 de Febrero del 2019

Vetas purpureas, azules y morales
Hogares debajo de la tierra, encima: las rocas.
La línea musical que dibujas no es invisible,
E inunda el espacio vacío que envuelve esta inmensa morada que nos tocó habitar./

/Y desorbitar, una y otra vez, en torno al todo,
Porque el armónico del horizonte reverbera el porvenir,
Si uno presta atención, es ahí cuando uno toca el todo con el sonido
Y rompe la barrera del tiempo en silencio./

/Un silencio ”envolvoso” como una sábana de arena,
Que huele a almendra y a veces comino.
Que regurgita pequeños iones,
Vetea el silencio (el visual) y lo inunda de éstas casitas.
Y nosotros caracoles…/

/Andantes de charcos de flores que implotan, una por hora,
Y al final aquí permanecimos un año, escuchando colores del corazón de otro planeta,
Inundados de constelaciones, olvidados de seres de humo,
Escribiendo cálculos en el espejo mientras nosotros caminamos al revés./

/Danzantes.
En torno a cuerpos más grandes (danzantes).
Y cerramos los ojos y nos invaden estos seres polifónicos.
En torno a nuestro cuerpo
Ya roto, por esa franja que limita nuestro horizonte,
Sólo aveces (quizás hoy) desorbitamos,
Y luz de todo lo que ya no está ahí (pero que en un pasado lo estuvo)
Nos baña con su nitidez,
Como si el movimiento diera apertura a la estaticidad solemne
Que parecen tener los árboles./

/Quietos, para aquellos que llevan prisa,
Estáticos a lo que nos percibe como un obstáculo en trayectoria,
Permanentes a lo que no alcanza a tocar la luz que atraviesa nuestro cuerpo,
Aquello que no contempla más allá del Blanco.
Pero, y sin embargo, nos movemos al respirar líquido de las rocas
Que escurren sus vetas
Y azules inundan las ”Moradas”./

L. y B.

Espacio, espacio y aguas. El monolito gotea y el río se lleva pedacitos de su antes inafable cuerpecillo. ” ¿Por qué su irreacible necesidad de empequeñecer lo razonablemente comprencible? ” conjuró un gran pensador el siglo pasado. De tanto girar la rueca y por más encordar los pedacitos de sal que esterilizan esta maraña de ideas de todas aguas y estaciones, no hay viento cardinal que me deje idealizar un pensamiento en proa. ¿Cómo explicar que simplemente a veces los peces salen a volar de noche, o que los pulmones de un pedacillo de ambar escuchan de cuando en cuando, o que la complejidad de dos milenios se basa en un astronauta que navega en su cotidiana rutina de blanco y de negro? (07.02.18)

La sombra de una piedra esta mañana.

El húmedo gas por los cielos en la noche.

Me parece que el coloso que nos come las extremidades, a altas horas de la madrugada nos tiende la mano, a manera de tregua.

No hay razonamiento que valga por si mismo, y sin embargo todo cuadra.

No hay idealización del objeto, ¿de la persona?… del objeto.

Cada estímulo se traduce en símbolos, cada acción del cotidiano adquiere aquí su valor de sorpresa, de lo incierto.

Las calles son tuberías y las puertas no existen. Me parece que el coloso no busca la tregua, sino que lo obligamos a la inacción. Ingenuamente, porque no somos conscientes de ello, ”no hay razonamiento que por si mismo valga”, sin embargo todo cala. Cadenas empalabradas.

No hay idealización del sentimiento. Yo soy cada día más pequeño, lo escribo al ras del suelo… no es fatídico, me parece saludable serlo.

Hoy la sombra, ayer la piedra. En el sueño; ambas. Bajo el suelo el río. (20.02.18)

Preludio Narcisista;

Niño, te encontré saltando por el callejón.

La tragedia vino conmigo y tu palito siguió rodando aún cuando tú ya habías besado el suelo.

No hay consuelo que sirva cuando la vida te juega una mala treta.

Tú te lo buscaste, pensaría tu abuelo.

Pero nadie te vio, y tengo pena de haberlo pensado por ellos.

Tu sangre manchó mi camisa y tu tropiezo vino a consolar el mío.

El tropiezo de las 4 Lunas, de la noche de Crumb y de Lorca,

De la calle que le corresponde ya otra calle.

Guardo remembranzas de lluvias de Mayo.

Bailarines giran por mi días en diferentes planos.

Quiera o no, siempre la gente danzante es la que procura mis pasos.

Como si mis tropiezos necesitaran de ellos, me voy moviendo por este campo.

Y trato de pinchar, con mi palito, la luna.

Me piso un pie cuando bailo y  lloro y sangro.

Orbitamos como astros y nos desprendemos de par en par a otro plano.

Tropezando nos encontramos. (03.02.18)

Oda al tiempo

Si yo me propusiera a abrirlo en este momento; si lo viera, sin pensarlo, como se me es entregado… parte de la materia que me mantiene aquí, aterrizado al suelo, se difumaría en lunas amorfas, y distantes entre ellas; reflejaría el mar, agujeros de otros tiempos.

Por lo pronto permanece. Estático , en suspernción con lo concurrente. No se vió ni se verá algún cambio en su piel,  no hay motivo para desgarrar las translucidas paredes que distorcionan su inmutabilidad. Sin embargo existe,  y de alguna manera escucho el latido de su respiración enclaustrada por la pausa eterna en que se encuentra. (25.01.18)

Es esa su condición de Oruga. Es lo que me permite contemplarlo con la calma que llevan las aguas, con el zig-zag involuntario de la hoja desprendida, con las líneas dibujadas por las yemas de los dedos. Ajeno al invierno desprende la luz tintineante que sujeta el alma al vacío, me recuerda que está vivo, que la Luna se acuesta y él se deshoja, que la savia se endurece cuando al alba brota. Y que dos alas envueltas no corresponden al cementerio. La pausa es eterna, pero no lo es el Silencio. (28.01.18)

Un asomo por la grieta en el cascaron y siente la lluvia de sal, se escuchan las rocas en monocromo. Se abre paso una consciencia secundaria que repta por las alas deshojadas. Lapas contemplando el caminar, algunas caidas ya por el cambio sonoro. Tres gigantes con los pasos del ser en pausa grabados en su cuerpo rastreando la cartografía de sus palabras, sus caminos y el sol. La crucifixión del astro menguante.  (29.01.18)

El pecho palpando las extremidades caídas le muestran su condición; El sentido de la vida radica ahora en este retroceso, mas no hay añoranza del pasado. Las conjeturas nacen sólo cuando se cree llevar la verdad entre las alas… El ser se arrastra al interior y teje con hilo de seda, observa el ojo en el cielo harto de sangre. No hay puntos cardinales, mas contempla el entorno (más rápido, más fuerte, más grande, más…). No hay ”razón” y su cuerpo se enrosca. La humedad penetra y líneas de hilo convergen con su cuerpo. Adherido, se posa en movimiento. Vuelve a nacer. (30.01.18)

Cuando salí del himnotico silencio suspendido, había pasado mucho. Las lunas, el mar y la nada de otro tiempo me envolvían presentes. El paisaje difuminado latía con el descenso de los pasos avanzando en retrospectiva, intentando tocar tierra.  El capullo nuevo me regresó al ahora, de ayer y de hoy. Por lo pronto permanece, estático. Ajeno al invierno. Si yo me propusiera a abrirlo en este momento; si lo viera, sin pensarlo, como se me es entregado… ( 31.01.18) .

 

L y B